El corrido es una riqueza cultural mexicana, desafortunadamente no se le da la importancia que tiene. Si los Estados Unidos lo tuvieran, ya existiría la Universidad del corrido. La censura no ayuda, la cerrazón tampoco. La prohibición viene de mentes autoritarias, retrogradas e ignorantes. GUILLERMO HERNÁNDEZ
El 2 de marzo de 1987, el gobernador de Sinaloa, Francisco Labastida Ochoa, presentó su programa estatal de justicia y seguridad pública. En él convocó a la radio al cambio de programación, suprimiendo la exaltación de la violencia que según él, promovía el corrido de gomeros en todo el estado.
Esta medida se da en un contexto político nacional que quizás pocos especialistas han considerado. En primer lugar tenemos la presión que los Estados Unidos ejercían al gobierno mexicano por la supuesta desaparición del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar; seguido por el fraude electoral que cometió el PRI en contra del Partido de la Revolución Democrática y de su candidato Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Carlos Salinas de Gortari, también sinaloense, fue impuesto como presidente de México.
Con el gobierno de Salinas, el cártel de Culiacán se independizó de los proveedores de Medellín y de Calí, subiendo aranceles y comercializando la droga –específicamente la cocaína- que antes sólo transportaban a los Estados Unidos. Durante su mandato, Amado Carrillo Fuentes, se ganó el apodo de Señor de los Cielos, por concretar el mayor puente aéreo de la historia del narcotráfico entre Colombia, Baja California, Sonora, Chihuahua, Jalisco y Sinaloa.
En realidad, lo que el partido en el poder buscaba con la prohibición era legitimarse ante los empresarios y gente influyente, luego acallar voces que pudieran exhibir sus manejos corruptos al frente de la política nacional. Sabían con certeza que en ciudades como Culiacán se otorgaba un marcado valor social a la crónica corridística y no al discurso político.
Pero sus medidas represivas nunca lograron sepultar la voz legítima que emana del pueblo, en realidad fueron contraproducentes para el cumplimiento de sus metas, pues generó más violencia, proveniente del Estado mismo y de los gomeros.
En 1989, los Tigres del Norte, juglares del pueblo, sacaron a la venta su disco Corridos Prohibidos, bajo la dirección artística del maestro Paulino Vargas Jiménez. En él se denuncia todo lo referente al caso Camarena y se reafirma nuestro corrido como una manifestación que emana de las masas, no de la burguesía. Para desagrado de los priístas, este disco es el segundo más vendido en la historia de la música norteña, el primero es Jefe de Jefes, también de los Tigres del Norte. Ambas grabaciones efectivamente abordan el tema de las drogas y de los gomeros, pero lo hacen con un sentido crítico político. Esta crítica y denuncia política de gobiernos corruptos es la que ha provocado la represión de los corridos de gomeros en medios masivos; lo cual demuestra la viva función social que sigue manteniendo nuestro objeto de estudio.
Pero la prohibición de los corridos de gomeros (de aquellos que aluden explícitamente al tráfico y consumo de droga) se mantuvo durante el gobierno de Ernesto Zedillo (1994-200) y aún con Vicente Fox. Paradójicamente el autonombrado “gobierno de la democracia” no sólo no retiró el veto en los medios de difusión sino que además endureció las prohibiciones, negando el derecho a la producción fonográfica de ciertas composiciones como El Abecedario de los Canelos de Durango. Ello debe llevarnos a la reflexión de cómo los gobiernos de México han operado bajo una doble moral: permitiendo por un lado la producción de estupefacientes y simulando una lucha contra el narcotráfico sin resultados definitivos, y por el otro limitando, o mejor dicho reprimiendo, el derecho de libertad de expresión. No puede subestimarse el valor cultural del corrido –que como hemos visto, ha jugado un papel importante en las sociedades de diversas regiones del país- y cohibir su producción y difusión. El corrido, por ser una forma cultural no queda, pues, suprimido por estar excluido de los medios “oficiales”. Por el contrario, y como lo prueban las ventas del álbum Corridos Prohibidos de los Tigres del Norte, la sociedad reconoce en el corrido de gomeros una forma de expresión crítica. ***
jueves, 22 de noviembre de 2007
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